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Santo Domingo. Esta construcción es uno de los principales reclamos de la ciudad: alberga varios museos sobre hechos históricos, exhibiciones, centros culturales y de documentación y espacios para conferencias. Y por las noches, el faro es espectacular: irradia una cruz de luz en el cielo con una intensidad casi solar. Por suerte, se enciende pocas veces ya que, cuando está en funcionamiento, la ciudad se queda totalmente a oscuras. Santo Domingo tiene dos caras y, por eso, es aún más interesante. Su centro histórico, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, acoge la denominada zona colonial. Andar por allí es hacer un viaje al pasado, porque en el casco antiguo el tiempo parece haberse plantado hace siglos. La capital dominicana también es una urbe que crece y se hace grande, aunque cada barrio conserva una personalidad propia. El viajero tiene donde elegir: puede comer en grandes restaurantes, visitar decenas de museos y bailar a ritmo de merengue y bachata en discotecas o puede descubrir la ciudad hasta encontrar calles sin asfalto que, lejos de ser un reclamo turístico, plasman la verdadera realidad del país. A 200 kilómetros de Santo Domingo aparece la ciudad del ámbar: Puerto Plata, la mayor productora del mundo de esta piedra preciosa. Durante siglos, este fue uno de los escondites preferidos de los piratas. Hoy en día, es el centro artesanal más popular de la isla. Por eso, sus habitantes se han acostumbrado al ir y venir de visitantes que patean las calles en busca de algún recuerdo que comprar. Esta ciudad del norte también es muy conocida por su ron, concretamente por el ron Brugal. Allí se encuentra la fábrica, una de las más antiguas del país. El negocio, que empezó en 1888, embotella 360.000 litros al día. Nadie se va del país sin mojarse los labios de ron porque, nada más llegar al aeropuerto, el visitante recibe un pequeño vaso de esta bebida seca y fuerte. Las calles estrechas, las casas victorianas y un paseo marítimo de más de seis kilómetros de longitud. Además de ser una de los enclaves más bellos del país, Puerto Plata presume de tener alguna de las playas caribeñas más impresionantes. De hecho, su nombre no es casual: se dice que el propio Cristóbal Colón bautizó así la ciudad por la variedad de los colores del agua.
PLAYAS IMPRESIONANTES
Las islas del Caribe son mundialmente conocidas por sus playas y la República Dominicana es uno de los destinos turísticos más populares. Entre el aeropuerto y Puerto Plata se encuentra Playa Dorada, un lugar muy atractivo para los viajeros. Lujosos hoteles, hamacas, música y sol a lo largo de 11 kilómetros paradisiacos con arena blanca y fina y aguas azules y transparentes. El turismo es la máxima fuente de ingresos del país porque no existe otro lugar en el mundo donde el clima, la amabilidad de la gente, el paisaje suave y el ritmo tranquilo combinen mejor con el descanso. No muy lejos de allí aparece Samaná, la zona con mayor cantidad de palmas de coco del mundo por metro cuadrado. De diciembre hasta abril, la bahía también es conocida por sus ballenas jorobadas. Cuando juguetean en la superficie, ofrecen uno de los momentos más deseados por los turistas, que se agolpan cámara de fotos en mano, para llevarse a casa la preciada instantánea. Pero Samaná esconde uno de los mejores tesoros de la República Dominicana. Adentrándose en la densa vegetación de su bosque tropical se llega hasta el Salto el Limón y allí comienza la aventura. Esta impresionante cascada de 60 metros de agua casi congelada invita a adentrarse en ella. Pero hay que tener cuidado e ir acompañado de lugareños, ellos saben la técnica para bañarse bajo el salto sin que la fuerza del agua te arrolle. Aunque es de difícil acceso, la zona está preparada para llegar hasta allí en burro o en caballo. El recorrido, bajo el sol y la humedad, dura casi dos horas, pero los males desaparecen en cuanto se avista la cascada desde lejos.
OCIO Y RELAJACIÓN
Para descansar después del viaje de regreso aparece Punta Cana, un laberinto de resorts para desaparecer. Playas privadas, paisajes majestuosos y selvas de manglares y cocoteros. En total, la zona ofrece 420.000 metros cuadrados dedicados al ocio y la relajación. Cada vez son más los que eligen Punta Cana en sus vacaciones, porque además en la zona se pueden practicar múltiples deportes acuáticos. La República Dominicana es un paisaje idílico, una excursión de aventura, una playa paradisiaca, una calle sin adoquines, una ciudad que crece, un país con dos caras. Es un edificio antiguo, una historia colonial, una tierra de piratas.
Las playas de arena fina, las aguas caribeñas cristalinas y la frondosa vegetación rodean el Catalonia Royal Bávaro, un complejo de cinco estrellas exclusivo para mayores de 18 años situado en Punta Cana, uno de los parajes más emblemáticos de la República Dominicana. Un escenario que invita a un concepto de estancia totalmente alejada de las prisas, con servicios exclusivos, trato personalizado, las máximas comodidades y 144 júnior suites con bañera redonda integrada en la habitación. Un lugar diseñado para que el huésped se olvide de todo, y se dedique simplemente a disfrutar. Algo que parece fácil si se tienen en cuenta las ventajas que se obtienen por alojarse en él: zona reservada en la playa con hamacas y sombrillas, piscina privada con yacusi y bar dentro del agua, lobby-bar con bebidas de las primeras marcas, conexión a in ternet wifi, servicio de habitaciones las 24 horas, cócteles a cualquier hora y en cualquier lugar del resort…
Además, el hotel ha incorporado recientemente a sus instalaciones un spa con zona de relax y cabinas de masaje, un espacio de aguas que dispone de yacusis, sauna, baño turco y ducha de sensaciones, así como un centro de fitness. El restaurante Thalassa, especia- lizado en cocina mediterránea, culmina los atractivos de un complejo situado a 17 kilómetros del aeropuerto de Punta Cana y a 47 de Higüey, la capital de la provincia de Altagracia, que ofrece un gran número de atractivos turísticos.
ENTORNO DEPORTIVO
Sin embargo, las opciones no se acaban aquí, ni mucho menos. El Catalonia Royal Bávaro es un hotel marcado por la exclusividad ubicado junto a otro com- plejo de la compañía, el Catalonia Bávaro Beach, Golf & Casino Resort. Los huéspedes del primero pueden acceder a todas las instalaciones del segundo, pero no a la inversa. Esto significa que tienen a su disposición 2.000 metros cuadrados de piscina y una extensa lista de instalaciones deportivas aptas para practicar tenis, pádel, petanca, dar- dos, tiro con arco, voley playa, fútbol, waterpolo, baloncesto o tenis de mesa.
Sin olvidar, como no podía ser de otra manera en el Caribe, todo tipo de actividades acuáticas, desde la tablavela hasta el submarinismo, pasando por las canoas, los kayaks o los catamaranes. Para completar el capítulo deportivo, un campo de golf de 18 hoyos recientemente inaugurado complementa por todo lo alto las instalaciones del complejo, que ya contaba con uno de nueve hoyos, un pitch & putt, un putting green y un campo de prácticas. La nueva cancha de 6.230 metros de longitud, diseñada por el arquitecto español Alberto Solà, combina búnkeres, lagos, árboles, amplios greens y una isla para satisfacer tanto a los aficionados más exigentes como a los primerizos.
Las 144 suites del complejo cuentan con una bañera redonda integrada en la habitación
Finalmente, solo queda recorrer cada uno de los restaurantes que se abren ante el huésped del Catalonia Royal Bávaro que se interna en las instalaciones del complejo vecino. El restaurante Gran Caribe propone un extenso bufet rodeado de vegetación exuberante, mientras que el restaurante Playa ofrece una cocina ti- po barbacoa sobre la arena. Aparte, cinco restaurantes temáticos recorren las recetas culinarias de México, Estados Unidos, Japón, París y la Bretaña. Otros cinco bares repartidos a lo largo de las instalaciones del complejo aportan el punto de sabor a una estancia que permite exprimir al máximo todos los recursos al alcance. Y son muchos.
TEXTO XAVI DATZIRA

