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LA CAPITAL DE
Baden-Wurtemberg po- see algo muy especial: el centro de la ciu- dad se encuentra idílicamente situado dentro de un valle. Más de la mitad de los 200 kilómetros cuadrados de extensión de Sttutgart está constituida por bosques, prados, jardines frutales y viñedos, los cua- les llegan hasta el corazón de la urbe. No es difícil de imaginar que en una estampa tan bucólica, alguien (un noble, claro) de- cidiera establecer un criadero de caba- llos. Fue el duque Liudolf de Suabia quien creó la yeguada (o el Stouotgarten) en tor- no al año 950. De ahí surgió tanto el nom- bre de la ciudad (criadero de caballos), como su escudo de armas, un corcel ne- gro sobre fondo amarillo.
Donde pasta- ban los caballos del duque, se encuentra actualmente el Altes Schloss o castillo an- tiguo del siglo XVI. A pocos pasos se lle- ga al Neues Schloss (palacio nuevo). Una abigarrada construcción barroca de 1746, que fue iniciada bajo el duque Carl Eugen de Wurtemberg. La Scholssplatz (plaza del palacio) que está si- tuada ante él, con la co- lumna conme- morativa de 30 metros de altura, es el co- razón de Sttutgart y el punto de encuen- tro más apreciado por los habitantes. De- trás aparece el jardín del palacio: un oasis de tranquilidad y en verano punto de en- cuentro de los hambrientos de sol. Allí mis- mo, junto a un lago, está el edificio de la Ópera y el Teatro Nacional de Stuttgart. Una de las atracciones arquitectónicas más importantes se construyó en el 1927: el complejo urbanístico Weissenhofsied- lung. Para la exposición arquitectónica La vivienda, los arquitectos más famosos de esta época (entre ellos Mies van der Ro- he y Le Corbusier) construyeron casas de muestra, que sirven de modelo a un nue- vo concepto de construcción.
Las vivien- das construidas se conservan todavía y once de ellas están habitadas. Esta metrópoli del sur de Alemania rica en vivencias invita a pasear por bellas zo- nas peatonales y calles comer- ciales. El paseante encon- trará gran variedad de tiendas en el pasa- je de Calwer y en el Marktha- lle, el mercado modernista, puede adqui- rir exquisiteces exóticas, así como frutas y verduras frescas. Merece la pena una excursión al barrio bohemio, el Bohnen- viertel (barrio de las judías), donde des- cubrirá parte del centro histórico de la ciu- dad y atractivos comercios donde hacer- se con sugerentes regalos. En las taber- nas se ofrecen, junto con la gastronomía típica de Suabia, una gran selección de buenos vinos de Wurtemberg. Quienes busquen una amplia oferta para el tiem- po libre la encontrarán en el Sl-Erleb- nis Centrum, un lugar para el ocio y la diversión, con dos musicales, nue- ve restaurantes, un casino y las Sch- waben Quellen (fuentes de Suabia) con baños de relajación y una sauna de más de 6.000 metros cuadrados de amplitud. Quien se aburre es porque quiere.
Museos del automóvil
Una experiencia para grandes y pequeños son los museos del au- tomóvil de Stuttgart. En el nuevo Museo Mercedes-Benz, abierto en mayo del 2006, el visitante puede pasar revista a más de 110 años de historia del automóvil. El edificio, de espectacular arquitectura con forma de doble hélice, se ha con- vertido en un símbolo de la ciudad. Nueve plantas y 17.000 metros cuadrados de exposición permi- ten descubrir interesantes histo- rias y anécdotas sobre vehículos legendarios, técnica, investigación, aventuras, mitos e hitos. Especial- mente interesante resulta el coche de lujo totalmente blindado en que se hacía conducir al emperador ja- ponés Hirohito o el rojo SL de la princesa Diana. Más de 15 automóviles de serie, prototipos y bólidos esperan al vi- sitante en el Museo Porsche, en el barrio de Zuffenhausen. Junto a los modelos antiguos del año 1948, pueden verse también los coches campeones de Le Mans y del Rally de Montecarlo. Con el fin de pre- sentar la historia y tradición de la firma de un modo más atractivo que nunca, este año abrirá las puertas un nuevo museo en la lla- mada plaza de Porsche.
TEXTO NEUS VILLA
CAPITAL DEL ESTADO federado de Sajonia, en Alemania, Dresde goza del honor de ser considerada una de las ciudades más bellas de Europa. Además de una gran diversidad de monumentos arquitectónicos, museos y atracciones basadas en el arte creado en siglos pasados, como sucede en tantas otras localidades del viejo continente, Dresde se nutre de numerosos eventos, iniciativas y proyectos culturales que llenan de vida la ciudad. La primera faceta de estas dos caras tiene su mejor representación en la reinaugurada iglesia de Frauenkirche, que vuelve a completar la silueta de la capital con todo su esplendor. Considerada la iglesia luterana arquitectónicamente más notoria de Alemania, se trata de una de las grandes joyas del arte barroco y constituye, sin duda, una de las obras maestras más significativas de la arquitectura europea. Su cúpula, destruida por los bombardeos de la segunda guerra mundial, se reconstruyó hace dos años y en estos momentos se alza como el principal símbolo de la ciudad. De hecho, Dresde celebra este 2007 el año de la arquitectura, donde se tendrá muy presente el resurgimiento de la urbe y la recuperación de sus edificios tras las bombas. También se han reabierto al público la histórica Grünes Gewölbe, también conocida como La bóveda verde, la genuina cámara del tesoro de Augusto el Fuerte con casi 3.000 joyas y obras de arte de gran valor.
REFLEJOS DEL RÍO ELBA
La ubicación de Dresde en el ancho valle del río Elba, rodeada de bosques, viñedos y praderas, le confiere a la ciudad un aura y una armonía especiales, como ya reflejó fielmente en numerosos cuadros el pintor veneciano Canaletto, en el siglo XVIII. Los vaivenes de los barcos y el pictórico valle, que, con sus castillos y villas, fue declarado, junto a la ciudad, patrimonio cultural mundial de la Unesco, ya le habían valido a la localidad los calificativos de La Florencia del Norte y La Florencia del Elba. Más recientemente, sin embargo, se la ha rebautizado como La Sajonia de Sílice. Y es que Dresde se ha convertido con los años –especialmente desde la reunificación alemana– en un importante centro científico y económico que acoge las más modernas plantas del sector de la microelectrónica, la biotecnología, la industria farmacéutica y la I+D, con un creciente número de jornadas y congresos.
MÚSICA, CAMPOS Y PORCELANA
El brillo de Dresde está inevitablemente unido a su importante tradición musical. Así lo atestiguan las simbólicas estatuas de sátiros con flautas y de ángeles musicales repartidos por la ciudad. La tricentenaria ópera de Semper, La orquesta filarmónica, el Festival de Música de Dresde o su centro de música contemporánea son solo algunos de los exponentes de una ciudad relacionada con grandes nombres de la historia musical: desde Vivaldi hasta Mozart pasando por Schumann o Dvorak. El calendario de conciertos de Dresde se expande durante todo el año repartido en diferentes espacios: desde el Dixieland Festival, en distintos puntos de la ciudad, hasta actuaciones en museos y castillos. Siguiendo el trayecto de los antiguos barcos de vapor o el popular carril bici por las orillas del río Elba se llega, a unos 12 kilómetros a las afueras de la capital, al Palacio de Pillnitz, antigua residencia de verano de la corte sajona, con elementos constructivos chinescos, y actual sede del Museo de Artesanía. Los escabrosos peñascos del parque nacional que rodea el palacio, que acoge también óperas al aire libre, constituyen un auténtico paraíso para alpinistas y excursionistas. Dresde es conocida también por haber desarrollado la primera porcelana europea, entre 1707 y 1709. El Palacio Japonés expone actualmente unas 2.000 de las 20.000 obras de porcelana que integran la que está considerada como la mayor colección de este tipo del mundo. Dresde celebrará en 2010 el 300 aniversario de la porcelana europea.
¿PALMERAS, agua verde esmeralda, aromas sureños y largas horas de sol? Todo eso se encuentra en el lago de Constanza, delante del paisaje que ofrecen los Alpes. Una parada obligatoria para todos los que visiten el mar suabo son sus tres islas: Mainau, conocida como la isla de las flores por su exuberante belleza floral; Reichenau, declarada en el 2000 patrimonio de la humanidad por la Unesco y una de las cunas de la cultura occidental entre el 800 y el 1.200; y Lindau, ideal para ir de compras y pasear por sus laberínticas callejuelas. El lago de Constanza aúna el encanto marítimo y el atractivo de un paisaje montañoso prealpino. El tercer lago continental más grande de Europa limita con tres países: Suiza, Austria y Alemania. Una luz única, veleros que se pierden en el horizonte, palmeras a orillas de las olas, viñedos y prados con manzanos en las suaves cuestas de los márgenes del lago salpican el paisaje. A escasa distancia, la bella cadena montañosa alpina atrae poderosamente la atención de senderistas y esquiadores. La región vacacional del lago de Constanza se extiende por el sur de Alemania a lo ancho de más de 500 kilómetros cuadrados. De los 273 kilómetros de orillas, un tercio pertenece a Suiza y a Austria, y casi dos tercios, a Alemania. Aquí se dan cita atractivas ciudades: la histórica Constanza, Friedrichshafen, Meersburg, rodeada de viñedos, Wasserburg y Lindau, con sus hermosas instalaciones portuarias. Überlingen ofrece, gracias a su emplazamiento protegido en el sur, relajación en estado puro justo a orillas del lago. Los tranquilos lugares soleados, un largo paseo por el lago y recorrer las estrechas callejuelas llenas de cultura, historia y atracciones turísticas garantizan la mezcla exacta. La isla de Reichenau, con sus destacados monasterios e iglesias medievales, merece una rápida escapada. La animada ciudad universitaria de Constanza aguarda al viajero con una variada oferta de ocio. La paleta abarca desde conciertos de música clásica, rock junto al lago, música en directo en las tabernas, hasta tranquilos paseos, recorridos en bicicleta de montaña y románticas excursiones en barco. El Sea Life Centre del centro de la ciudad ofrece emoción para toda la familia. Las exposiciones e instalaciones interactivas exhiben la flora y la fauna, y en los grandes acuarios se pueden contemplar cerca de 3.000 peces de agua dulce y salada de todos los tamaños. Meersburg destaca por su castillo medieval, la fortaleza habitada más antigua de Alemania. Construidas en una empinada ladera del río, las viejas casas y las instalaciones defensivas parecen amontonarse las unas sobre las otras. En la orilla alemana, la isla de Mainau, famosa por su magnífico parque y los jardines que circundan el palacio barroco de la familia condal Bernadotte, se ha convertido en el paraíso de las flores.
THURINGIA ATRAE. Esta región ubicada en el corazón de Alemania ha enganchado a numerosos personajes a lo largo de los siglos. Todos ellos, tanto los que ocupan un lugar destacado en la historia como los que han permanecido en el más completo anonimato, han dejado una huella indeleble en el lugar. Entre ellos: Bach, Schiller, Lutero o Goethe, y ninguno pudo resistirse a esta particular atracción. A partir de principios de noviembre, cuando las primeras nieves empiezan a llenar de vida deportiva las montañas de Thuringia, lo más recomendable es dejar el coche, el tren y el autobús aparcados al pie de las montañas y recorrer la región montados en unos esquís. Más de 1.800 kilómetros de pistas de esquí alpino y 300 kilómetros de esquí de fondo atraviesan la zona, desde la montaña de Inselsberg hasta las Slate Mountains. Aunque el tándem nieve y deporte, en el centro de Alemania, tiene un nombre propio: el esquí de fuerapistas. Salirse del camino marcado se erige como la mejor opción para descubrir los tesoros naturales, medio ocultos por la nieve en esta época del año. Con la llegada del buen tiempo, los tonos fríos del paisaje se convierten en una combinación multicolor de colores cálidos, donde el verde se impone por encima de todo. Thuringia cuenta con el área más grande e ininterrumpida de bosque de toda Alemania, que presume de tener entre sus paisajes las sierras más bonitas de todo el país. Todos los días del año es posible seguir el rastro del camino de Rennsteig o los 6.000 kilómetros de senderos que se adentran en las entrañas de la región.
EL LEGADO DE LA NOBLEZA
Poco queda ya del poder y la ostentación de la antigua nobleza del centro de Alemania. Emperadores, reyes, condes y duques han quedado en el olvido, pero han dejado un legado de esqueletos de piedra esparcidos por todo el territorio. Más de 400 castillos y palacios medievales, algunos en ruinas y otros prácticamente intactos, constituyen ahora uno de los mayores atractivos turísticos de Thuringia. Uno de los más impresionantes es la fortaleza de Wartburg, cercano a la ciudad de Eisenach. Este castillo no solo es peculiar por sus alrededores, que son impresionantes, o por su arquitectura feudal tan característica, sino que además fue testigo de distintos hechos históricos como la traducción de la Biblia al alemán por parte de Lutero, o la batalla de los Bardos, que aún sigue recordando en silencio. Desde 1999 esta fortaleza es patrimonio de la humanidad por la Unesco. Otros lugares de la región comparten esta prestigiosa categoría: Weimar, por ejemplo, suma hasta 14 lugares de especial interés, entre los que destacan los palacios de Belvedere y Ettersburg, los edificios de la transgresora escuela de arquitectura Bauhaus o las casas de Schiller y Goethe. Este último se preguntó una vez: “¿Dónde encuentras tanto y tan bueno en un espacio tan pequeño?”. Thuringia tiene la respuesta.



